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Las gildas siempre han sido uno de los aperitivos más icónicos del norte de España, sobre todo del País Vasco, donde se han consolidado como una opción sencilla pero llena de sabor y matices. Pero en los últimos años, su notoriedad se ha extendido a lo largo y ancho de todo el territorio español y es raro el evento o el restaurante en el que no estén presentes. Las claves que justifican su éxito son los pocos ingredientes, muy bien elegidos y el equilibrio perfecto entre lo salado, lo ácido y el toque picante. Y aunque hoy en día existen muchas versiones modernas, la receta de gildas tradicional sigue siendo la favorita para la mayoría de las personas. Esta es sin duda la prueba de cómo los ingredientes sencillos se pueden convertir en un bocado extraordinario cuando se combinan con maestría. Te enseñaremos cómo hacer gildas caseras paso a paso, qué ingredientes necesitas y los mejores trucos para que queden perfectas. Y por supuesto, también aprovecharemos para resaltar el papel del aceite de oliva en su elaboración y conservación, un elemento clave en la cocina mediterránea.
Preparar gildas es muy sencillo pero siempre hay ciertos detalles que pueden ayudarnos a marcar la diferencia entre una versión correcta y una realmente espectacular y llena de sabor. Para conseguir dominar la técnica, basta con seguir este paso a paso:
Las gildas nacieron en los bares de San Sebastián a mediados del siglo XX y se consideran uno de los primeros pinchos de la gastronomía vasca. Tradicionalmente, se dice que su origen concreto está en el bar Casa Vallés en el que esta combinación sencilla de aceituna, anchoa, guindilla y un toque de aceite de oliva virgen extra conquistó a sus clientes por su gran contraste de sabores.
Su nombre hace referencia al personaje de Rita Hayworth en la película Gilda (1946), porque se decía que el pincho era “verde (como la guindilla y como el vestido de la actriz en la película), salado y un poco picante”. Una combinación con fuerza y personalidad que encaja con los atributos de la mítica actriz. Y este apodo acabó convirtiéndose en su nombre definitivo.
Aunque lo ideal es consumirlas al momento, las gildas también pueden guardarse en nevera, en un recipiente hermético y durante unas 24-48 horas. En ese caso, lo ideal es cubrirlas en aceite de oliva para mantener la textura, conservar el sabor y evitar que se sequen.
Aunque la receta es sencilla hay ciertos detalles que pueden mejorar mucho el resultado, como pueden ser: