El aceite de oliva en la historia de la humanidad (II)

Historia del aceite de oliva

En la primera parte de este post nos quedamos en la referencia de la Grecia Antigua. El siguiente gran periodo de la historia del aceite de oliva es del Imperio Romano, durante el cual, España fue una de sus provincias más prósperas, bajo el nombre de Hispania.

Y es que los romanos fueron indispensables para comprender lo que actualmente es el aceite de oliva, puesto que mejoraron los procedimientos de cultivo y traslado del mismo. Los romanos fueron notables consumidores de aceitunas y de aceites de oliva traídos desde Hispania y, de manera más específica, de la Bética (la actual Andalucía).

El aceite de Hispania era el mejor valorado del imperio por su enorme calidad. Se calcula que, durante esta época, Hispania exportó más de 30 millones de vasijas de aceite de oliva, llegando cada cierto tiempo miles de ellas a Roma, gran capital imperial.

Vestigios de las vasijas en las que se transportaba el aceite fueron hallados a finales del siglo XIX cuando Heinrich Dressel, científico italo-prusiano, los encontró en una colina de Roma. Dressel indagó por la procedencia de tales vasijas hasta identificar la costumbre que tenían los habitantes de aquel tiempo de vaciar las vasijas procedentes de la Bética (en el sur de la actual España) en la margen izquierda del Río Tiber. Esos restos de vasijas, junto con la tierra acumulada, habían hecho surgir la colina que hoy se conoce como Testaccio.

Ya en la Edad Media, el aceite de oliva fue muy utilizado para la elaboración de jabones en España y la vecina nación de Francia. No es casualidad que, con el paso del tiempo, este producto fuera teniendo muchas otras aplicaciones, como por ejemplo, la iluminación de los hogares o como ingrediente en tratamientos de belleza. De cualquier manera, su utilización principal ha sido y sigue siendo la alimenticia. Y es que los aceites de oliva, en cualquiera de sus variedades (aceite de oliva, virgen, virgen extra), son excelentes para cualquier receta.

Siglos después, en el XIX, el cultivo del olivar tuvo una gran expansión en España, gracias a la construcción de la red de ferrocarriles. De este modo, España se convirtió en el olivar de mayores dimensiones del planeta.

En el siglo XX, en el territorio español se presentó una auténtica revolución tecnológica, la cual, permitió la producción de aceites excelentes, loFs cuales triunfan cada año en los certámenes de mayor prestigio en el orbe. España es, hoy por hoy, líder mundial en cantidad- y principalmente en calidad-, de aceites de oliva producidos.

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